La Ciudad Nunca Duerme

Así que aprovechando las Blancas Navidades, con su frío helador de Zaragoza, me vine a la tierra madre para airearme, pensar en mis cosas, y de paso resfriarme un poco.
2006 está a la vuelta de la esquina (en 7 horas y media, más concretamente), y hay puntos que necesitaba cerrar: asuntos personales, nuevos modos de enfocarme en la empresa (y de cómo se puede "cuantificar"), etc. Pero una de las notas más agradables fue cuando, pasando una mañana temprano por la Plaza San Francisco, me encontré con uno de mis antiguos profesores de colegio. Más de diez años habían transcurrido desde que me sentaba en su pupitre, y comprobaba que hay determinadas personas que ya han pasado a formar parte de la foto que uno lleva siempre encima. Como una de sus tablas de flote, uno de los cimientos, uno de los capítulos del libro.
Tras pasear por la Ciudad que Nunca Duerme, siempre ha lugar una cerveza con algún amigo, disfrutar de alguna brizna de luz que quiere asomar entre nubes... Y cómo no, tiempo para el refugio en la mejor botica, la barra del bar; el mejor elixir, el Jack Daniel's con hielo; la mejor terapia, la conversación.
